cigarrillos
Fuimos un desastre.Un enorme cataclismo abrasador
dejando a su paso las estelas
de dos cuerpos infinitos e incandescentes
que ardieron durante un breve lapso,
en la brevedad que arden dos cerillas prematuras
apagándose justo antes de que la mecha se propague.
Tan inservibles que acaban en la basura,
precipicio donde jamás ninguna ha vuelto a prenderse.
Que habÃa una vez...y luego ya no
y que esa última vez apagaste la calma
que caÃmos en la fatalidad
y conocimos el caos absoluto.
Y la desdicha culminó
como tantas cosas bellas culminan
en aquella noche gris y lúgubre
en la que dejamos de emocionarnos.
La noche que nos faltó la llama,
soplaste, y algo se apagó en nosotros.
Y el fuego no llegó
y en vez de prender nos desprendimos el uno del otro.
Como se despide de sà mismo un adulto que cae en la desidia
como ver a ese adulto deshacerse de un juguete antiguo y roto
del que ya no le queda rastro mÃnimo de nostalgia.
Sin mirarnos por última vez, ni siquiera alzar la vista
con el semblante mustio y derrotado
y las lágrimas secas en los ojos.
Quisiera desear nunca habernos acabado,
que no renacieras convertido en un sutil recuerdo
Pero el amor... contigo no. Si lo pienso
Lo más parecido a un gatillazo sentimental
que experimenté nunca. En toda mi vida.
Como dos kamikazes arrepintiéndose justo antes de inmolarse.
Como dos naranjas cortadas a medias y exprimidas hasta doler
de las que sólo queda un zumo amargo. Y se perdió la sed.
Y desde entonces Soy un desastre
ya no me espantan las pelÃculas de terror
porque de espantos estoy herida.
Soy herida, pero ya no soy puñal
estoy cicatrizando.
Mientras tanto he renunciado a la nostalgia.
He cambiado las cerillas por cigarrillos de después
porque tardan más en apagarse, por su efecto placebo
porque sacian mis ganas de arder de nuevo.
Adiós a tÃ.

