Descosidos

mirar al amor como se mira a las casualidades
ahuyentar a las bestias, rescatar las ilusiones
revolucionar los cajones de ropa interior
dar besos en los semáforos
amar sin amarrar
sin clichés
sin letra pequeña
sin ponernos condiciones.

amar y no hastiarse de la monotonía
vencer a la rutina
reconquistarnos cada día
temblar de placer y no de pánico
amar con gusto
como se aman las pequeñas manías
y las palabras bonitas en el momento acertado

amar el cuerpo
la poesía
las manos que la escriben cada noche
la boca que pronuncia en voz alta
a gritos nuestro nombre
las ojeras de no dormir
y el cigarro de después

a pesar de la memoria
a pesar del ruido
a pesar de todo
abrir la puerta a nuevos recuerdos
sin miedo a que nos agarren la mano
a la sed insaciable
a sonreír como idiotas

Romper la tregua con el propio amor
y recuperar el amor propio
darnos una oportunidad
dejar de echar sal en la herida
y dejar que nos cosan, quizás
varios puntos
que ya va siendo hora
de volver a ilusionarnos


Feliz domingo














Amnesia

Estúpidamente creemos que el olvido es la cura a todos nuestros males.
El mejor ansiolítico para enmendar corazones rotos y paliar con cada decepción funesta.
A veces le cambiamos el nombre. Lo llamamos tiempo, impotencia, o personas.
Sin contemplar la posibilidad de que el olvido quizás no sea la cura sino el arma. Como ese clavo que supuestamente saca a otro, mientras nosotros nos golpeamos los dedos con el martillo. Intentando, en vano, amueblarnos la cabeza, empapelar nuestras emociones y colgarnos de alguien mejor. Para al tiempo darnos cuenta, de pronto, de que no conseguimos sacar el primer clavo sino que hemos colocamos otro encima. Y al final se cae el marco y se rompe el sólido cristal y se hace añicos todo. Maldita sea.

La incapacidad de tener memoria selectiva nos tortura diariamente, a veces nos quita el sueño y las ganas de soñar, nos consume lentamente. Nos aísla. Nos aliena. La negación de asumir nuestra humanidad, asumir que no podemos seleccionar recuerdos, como si de un álbum de fotos se tratase y nos tocara elegir las fotos. Olvidando que los recuerdos no son simples fotografías, por mucho que nuestra mente los perciba en dos dimensiones. La realidad es que los palpamos con los cinco sentidos, quedándonos con su esencia.

Y cómo no. Equivocándonos. Dejando responsabilidades al tiempo. Achacando la culpa a cualquiera.
A millones de posibles razones y factores externos. Pretendiendo que las estaciones se lleven las malas historias, como el otoño se lleva las hojas de los árboles caducifolios. Como si la realidad no fuera más que el otoño anaranjando las hojas de los cerezos, donde rara vez cae alguna. Rara vez desprendiéndose de parte de él.

Estúpidamente creemos que el olvido es la cura, pero siempre ha sido la herida. Siempre nos hacemos daño para llegar a él. Siempre hay olvidos que dañan, a nosotros mismos o a otras personas. Siempre olvidamos olvidar y nos entregamos al sufrimiento. Necios de nosotros, que vivimos esperando la llegada de ese momento de amnesia, forzándolo todo para hacerlo aparecer más deprisa. Olvidando que llega cuando es el momento, como la caída de las hojas. Que llega cuando pasamos la página al libro, deleitándonos con ese aroma a madera, y acto seguido nos topamos con aquella donde se haya escrita la palabra'' Fin'' entre dos puntos. Abriendo posteriormente un libro nuevo. Enganchándote a una nueva historia. El olvido no es más que un bucle. 


Benditos sean los olvidadizos.




cigarrillos

Fuimos un desastre.

Un enorme cataclismo abrasador
dejando a su paso las estelas
de dos cuerpos infinitos e incandescentes
que ardieron durante un breve lapso,
en la brevedad que arden dos cerillas prematuras
apagándose justo antes de que la mecha se propague.
Tan inservibles que acaban en la basura,
precipicio donde jamás ninguna ha vuelto a prenderse.

Que había una vez...y luego ya no
y que esa última vez apagaste la calma
que caímos en la fatalidad
y conocimos el caos absoluto.
Y la desdicha culminó
como tantas cosas bellas culminan
en aquella noche gris y lúgubre
en la que dejamos de emocionarnos.
La noche que nos faltó la llama,
soplaste, y algo se apagó en nosotros.

Y el fuego no llegó
y en vez de prender nos desprendimos el uno del otro.
Como se despide de sí mismo un adulto que cae en la desidia
como ver a ese adulto deshacerse de un juguete antiguo y roto
del que ya no le queda rastro mínimo de nostalgia.
Sin mirarnos por última vez, ni siquiera alzar la vista
con el semblante mustio y derrotado
y las lágrimas secas en los ojos.

Quisiera desear nunca habernos acabado,
que no renacieras convertido en un sutil recuerdo
Pero el amor... contigo no. Si lo pienso
Lo más parecido a un gatillazo sentimental
que experimenté nunca. En toda mi vida.
Como dos kamikazes arrepintiéndose justo antes de inmolarse.
Como dos naranjas cortadas a medias y exprimidas hasta doler
de las que sólo queda un zumo amargo. Y se perdió la sed.

Y desde entonces Soy un desastre
ya no me espantan las películas de terror
porque de espantos estoy herida.
Soy herida, pero ya no soy puñal
estoy cicatrizando.
Mientras tanto he renunciado a la nostalgia.
He cambiado las cerillas por cigarrillos de después
porque tardan más en apagarse, por su efecto placebo
porque sacian mis ganas de arder de nuevo.
Adiós a tí.








Ofelia


Como le dijo Hamlet a Ofelia: "Dios te ha creado un rostro y tú intentas ponerte otro"

La lucha eterna entre quien somos y quienes fingimos ser
esa guerra constante, nos hace sacar lo peor de nosotros mismos.
Ese lastre que carga encima nuestra , todo ese orgullo que abrazas
que no sirve, pero que nos cura de mostrarnos al mundo vulnerables.
Todo aquello que nos guardamos y nunca dijimos que se vuelve
en contra de nosotros por medio de lamentaciones y arrepentimientos
de no haber dicho ni hecho tantísimas cosas
tratando de parecer indestructibles
emanando la imagen insípida de ser de piedra
donde no hay cabida para que alguien nos vea hacernos añicos
y así nos regodeamos en la mentira más deleitosa, la que nos decimos a nosotros.
Somos como mariposas que se convierten en gusanos,
que se vuelven a encerrar en su capullo
donde no tienen que enfrentarse a las adversidades de la vida.

De repente nos maquillamos una sonrisa y fingimos que no existe la tristeza
nos disfrazamos de personas muy distintas a nosotros
porque nos parece demasiado riesgo exponer nuestro lado más auténtico
exhibir nuestros defectos más innegables
y desnudar nuestra alma por miedo a ser corrompida.

Ponemos cerraduras a nuestros corazones salvajes,
sustituímos sentimientos exclusivos por emociones fingidas
escapamos de aquello que nos merecemos
porque no nos consideramos dignos de merecerlo,
no nos aceptamos, porque no nos mostramos tal cual somos
ni siquiera en la intimidad más absoluta.
Tratamos de conservar esa apariencia dominante
y ese afán de controlar toda situación que se nos presenta
decorarla con esa otra cara nuestra que a veces nos resulta incluso desconocida...acojonante.

Podemos elegir seguir tragando la impotencia y vomitando la rabia
podemos seguir ahogándonos en aquello que jamás diremos y pasar los días bajo falsas caretas
nunca expulsar lo que llevamos dentro, ni siquiera las mariposas de nuestro estómago
O liberarnos de todo lo artificioso, banal y superficial que limita nuestros actos
vencer esta guerra entre las dos facetas de nosotros mismos y aferrarse a una sola
a ese semblante que desprende libertad y se desprende de prejuicios,
ese semblante que no se finge, y gozar del privilegio de ser uno mismo, la mejor versión de nosotros.

Fotógrafo: Bangsanghyeok


Cuestión de perspectiva

Existe muy poca gente que vea realmente la realidad.
La mayor parte de la gente ve sólo aquello que entra dentro de su concepto de cómo deben ser las cosas. Incluso a veces, de como quieren que sean.Mucha gente prefiere mirar hacia otro lado y no ver lo que sucede delante de sus narices y viven tan lejos de la realidad que en ocasiones se niegan a verla, hasta el punto que a veces, la gente parece saber más de tu propia vida personal de lo que crees saber tú mismo.

Consolidamos lo que se conoce como nuestra zona de comfort, y todo aquello que no queremos saber porque lo creemos nocivo no dejamos que se acerque ni siquiera a un centímetro de nosotros. Y nos hemos quedado tan agusto dentro de esa zona que hemos creado nuestra propia realidad aparte , y somos susceptibles a cualquier intento de alguien del exterior de abrirnos los ojos.

Deberíamos dejar de mirarnos el ombligo, aprender a ser observadores imparciales del mundo.
Dejar de juzgar porque mientras juzguemos nos alejaremos de lo real y nos volveremos más ignorantes.
Deberíamos aprender que todo es bueno o malo según como aprendas a mirarlo. Aprender que no eres más que el mundo, ni que el mundo es más que tú.Que no hay ninguna clase de enemigo esperándote ahí fuera y que realmente los que consideras enemigos son aquellos molinos contra los que luchaba Don Quijote.

Quizás es una cuestión de perspectiva, y hacemos mal alterando las distancias. Hacemos mal al querer tener demasiado cerca lo que no nos pertenece, y demasiado lejos aquello que deberíamos de tener , aquello que nos merecemos, y que sin embargo decidimos rendirnos y no luchar por tenerlo cerca. La verdad es que a veces todo se nos viene demasiado grande y nos frustramos, y descargamos esa ira contra el resto, a veces contra quien sólo quiere ayudarnos. Quizás deberíamos aprender a ser objetivos,a dosificar y no hacer demasiado grande, ni demasiado pequeño como para que nadie más quepa, nuestro lugar en el mundo.








Los amantes de Magritte




escapismo

Huyes.
Huyes porque sientes que la situación se te viene grande.
Huyes porque no cabes en esos zapatos y echas a correr descalza.
Porque por una vez en mucho tiempo tienes algo a lo que aferrarte, y eso te aterra.
Que después de caminar sin rumbo fijo ahora por fin tengas donde pasar cada noche.
Y decides rechazar la afable propuesta y seguir siendo un nómada, un viajante 
de esos que venden su alma a cualquier transeúnte y a la noche siguiente ni siquiera se despiden.

Huyes queriendo adelantar el tiempo
haciendo que tus heridas cicatricen en la brevedad de un parpadeo.
Y yo me quedo mientras abatida en el mismo sitio dilatando las horas
con la simulada esperanza de que alguna vez cambies y aprendas a quedarte
y sin embargo tú resplandeces (eso quieres aparentar) mientras yo voy caducándome
mientras yo me torturo dejándole a los meses que me rieguen con tu ausencia.
Destinada al suicidio emocional y a quedarme en  un torbellino de quizases: 
Quizás se arrepienta, quizás cambie de idea, quizás vuelva.

Huyes por que eres un conformista
alguien que siempre ha recurrido a las vías fáciles
que simplemente se conforma con evitar cualquier situación de peligro o esfuerzo.
Eres alguien que desconoce la satisfacción que se siente cuando luchas con todas tus fuerzas
por buscar ser un poco más felices, por exigirse a sí mismo no engañar a los sentimientos
y dejarlos que te guíen el camino adecuado por una vez en tu vida, quien sabe...

Prefieres esa imagen gélida, impasible, apática
de invulnerable a sentir con la cabeza y con ese músculo que late
a la izquierda del pecho a mil revoluciones por minuto 
prefieres pensar que el amor no es para tí o que tú no eres para el amor
sin darle oportunidad alguna y piensas
que el mundo entero es dañino y está siempre en tu contra.
Y es muy triste sentirse tan solo y perdido rodeado de tanta gente, 
de gente que huiría contigo a cualquier parte del mundo y no lo sabes porque te ausentas.
Gente te haría echar raíces asegurándote un lugar donde jamás sean tristes las noches.

Qué duro,¿no?






Instinto

Ojalá una vez en nuestra vida perdiésemos, por un día aunque fuese, uno de nuestros cinco sentidos.Ojalá alguna vez en nuestra concisa existencia tuviéramos el lujo de perder la visión unas horas. Erizar tu piel con un sonido, una canción, una voz,..perder la capacidad de juzgar lo que tenemos justo delante y sumergirnos en un mar de melodías apacible. Distinguir una risa. Escuchar con el corazón y hablar desde él. Olvidar lo físico, puro adorno, pura artificialidad. Palpar la vida, sumergir como Amélie sus manos entre alubias, dejarse sorprender por el tacto de tantas cosas presentes en el día a día y que no nos parecen nada extraordinario.. dejarte guiar por tus instintos, acabar con la espiral del silencio que te impide admitir que alucinas con algo socialmente no aceptado. Amar algo bonito, como un carácter, una personalidad o unos ideales. Observarse a sí mismo desde dentro ... hacia afuera. Contemplar la rutina , aquello hecho de las luces del tráfico, las agendas , calendarios y números del reloj que te eclipsan... y hacen que suceda la vida tan rápido.
 
Desear quizás que en vez de la vista perdiésemos la audición, desarrollar la capacidad de percatarse de los detalles de cada rostro, cada mirada, cada sonrisa. Buscar el encanto de cada defecto. Perder la audición una horas para desconectar del mundo. Decir adiós a toda esa negatividad , todas esas desgracias que causa el ser humano , tan imprudente , todas las mentiras pronunciadas, esa hipocresía y esa forma de lavar nuestras conciencias. Tener unas horas para realmente escucharse a sí mismo, reflexionar sobre aquello que nos cuentan nuestros sentidos y aprovechar esa experiencia para el desarrollo del pensamiento crítico.

Ojalá perdiéramos algún otro sentido ...porque el exceso de ellos nos hace darles escaso uso. Ojalá leer nuestra historia sin hacerlo por encima .Y sí, hay quien vive toda una vida sin un sentido y son personas realmente especiales , pues ven lo que nadie ve, oyen lo que nadie oye, ... pues a falta de un sentido encuentran otro : el sentido de la vida.