Amnesia

30 octubre 0 Comments A+ a-

Estúpidamente creemos que el olvido es la cura a todos nuestros males.
El mejor ansiolítico para enmendar corazones rotos y paliar con cada decepción funesta.
A veces le cambiamos el nombre. Lo llamamos tiempo, impotencia, o personas.
Sin contemplar la posibilidad de que el olvido quizás no sea la cura sino el arma. Como ese clavo que supuestamente saca a otro, mientras nosotros nos golpeamos los dedos con el martillo. Intentando, en vano, amueblarnos la cabeza, empapelar nuestras emociones y colgarnos de alguien mejor. Para al tiempo darnos cuenta, de pronto, de que no conseguimos sacar el primer clavo sino que hemos colocamos otro encima. Y al final se cae el marco y se rompe el sólido cristal y se hace añicos todo. Maldita sea.

La incapacidad de tener memoria selectiva nos tortura diariamente, a veces nos quita el sueño y las ganas de soñar, nos consume lentamente. Nos aísla. Nos aliena. La negación de asumir nuestra humanidad, asumir que no podemos seleccionar recuerdos, como si de un álbum de fotos se tratase y nos tocara elegir las fotos. Olvidando que los recuerdos no son simples fotografías, por mucho que nuestra mente los perciba en dos dimensiones. La realidad es que los palpamos con los cinco sentidos, quedándonos con su esencia.

Y cómo no. Equivocándonos. Dejando responsabilidades al tiempo. Achacando la culpa a cualquiera.
A millones de posibles razones y factores externos. Pretendiendo que las estaciones se lleven las malas historias, como el otoño se lleva las hojas de los árboles caducifolios. Como si la realidad no fuera más que el otoño anaranjando las hojas de los cerezos, donde rara vez cae alguna. Rara vez desprendiéndose de parte de él.

Estúpidamente creemos que el olvido es la cura, pero siempre ha sido la herida. Siempre nos hacemos daño para llegar a él. Siempre hay olvidos que dañan, a nosotros mismos o a otras personas. Siempre olvidamos olvidar y nos entregamos al sufrimiento. Necios de nosotros, que vivimos esperando la llegada de ese momento de amnesia, forzándolo todo para hacerlo aparecer más deprisa. Olvidando que llega cuando es el momento, como la caída de las hojas. Que llega cuando pasamos la página al libro, deleitándonos con ese aroma a madera, y acto seguido nos topamos con aquella donde se haya escrita la palabra'' Fin'' entre dos puntos. Abriendo posteriormente un libro nuevo. Enganchándote a una nueva historia. El olvido no es más que un bucle. 


Benditos sean los olvidadizos.